ANAQUEL LITERARIO

  • Una escritura que, por hispánica, no deja de ser magrebí, de contenido árabe o arabizado, actual, inquieta, e incluso lingüísticamente dialéctica”.

    Rodolfo Gil Grimau.

Los fenómenos de las lenguas fronterizas se han originado en espacios compartidos donde la lengua del otro no resulta ajena ni adoptada, sino que el idioma se hace propio para generar procesos de investigación y creación. Este es el caso de la literatura que determinados autores magrebíes hacen al escribir en español, al igual que ocurre con otras literaturas de la frontera.

En el emplazamiento de la frontera sur (España-Magreb), que ha constituido secularmente un lugar de espacios e historias comunes, el español posee una posición privilegiada, al convertirse en lengua compartida por diferentes culturas. Esto lleva a la eclosión de un territorio creativo híbrido y mestizado.

Allí se produce este fenómeno de la lengua fronteriza, desde el encuentro continuo de culturas, lenguas y creencias, alcanzándose un sincretismo que ofrece al escritor un marco de incomparable valor que muchos autores han sabido llevar a sus obras y que se traduce en un proceso continuo de biculturalismo/bilingüismo. Así lo expresaba el desaparecido Rodolfo Gil Grimau, en el prólogo de Calle del Agua. Antología contemporánea de Literatura Hispanomagrebí: “Esto procede, creo yo, de un hecho esencial y es que el español no es una lengua importada, sino un idioma vernáculo con siglos de penetración e implantación en Marruecos, Argelia y Túnez”.

Aquí fue posible que las revistas Al-Motamid o Ketama, dirigidas por Trina Mercader, en Larache, y Jacinto López Gorgé, en Tetuán, concitaran la convivencia literaria de Muhammad Sabbag, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Abdelkader Uariachi, Moisés Garzón Serfaty o Abdelatif Laabi. 

El continuum de las relaciones existentes durante la historia común compartida entre España y el norte de África, las sucesivas diásporas de sefardíes, andalusíes y moriscos a Marruecos, Argelia y Túnez, los flujos migratorios en ambos sentidos y la decisiva influencia del Protectorado durante la época colonial española, convierten a las variantes del español existente en esa región en un idioma que, en ningún caso, significa lengua ajena, al contrario, va a suponer, en algunos escritores, la afirmación de una identidad reivindicada frente a los procesos de influencia árabe y afrancesamiento y que se reconoce en el encuentro cultural secular producido entre ambas orillas del Mediterráneo, que ha venido dejando sus señas de filiación en la oralidad propia de la región y en la literatura escrita. Junto a estos, otros escritores han elegido el español por otras razones o impulsos, como pueden ser el hecho de haber estudiado o vivido en territorio peninsular, contribuyendo ese intercambio al enriquecimiento de la identidad de partida.

El siglo XX y el recién estrenado siglo XXI han sido protagonistas de uno de los acontecimientos literarios más extraordinarios desarrollados en el ámbito de la Literatura Española, como es el nacimiento en el norte de África (Marruecos, Argelia y Túnez) y, en menor medida, en Mauritania, de una neoliteratura llevada a cabo por autores de origen magrebí y cuya lengua de creación directa y sin traducción es el español.

El español, sus antecedentes de las lenguas romances mozárabes o el sefardí, se convierte en un idioma vernáculo con siglos de presencia en Marruecos, Argelia y Túnez, llegando a trocarse, en algunas ocasiones, en un elemento identitario considerable. Esto lleva a la denominada “magrebidad” del español o sincretización de la lengua de Cervantes en la obra creativa de los autores norteafricanos: “una escritura que, por hispánica, no deja de ser magrebí, de contenido árabe o arabizado, actual, inquieta, e incluso lingüísticamente dialéctica” (Rodolfo Gil Grimau) y cuyo estudio y análisis se convierte en el eje axial de esta revista-web.