MISMIDAD Y OTREDAD EN LA POESÍA HISPANOMAGREBÍ

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                            Aziz Tazi

Universidad de Fez (Marruecos)

Este ensayo tiene el propósito de explorar la producción poética escrita en lengua española por poetas magrebíes cuya lengua materna no es el español, en lo que tiene de particular y genuino.

Si bien desde 2008, fecha de la aparición de Calle del Agua, el fenómeno de la escritura magrebí en español ha conocido fases de euforia y otras de decaimiento, por razones que intentaremos dilucidar más adelante, lo cierto es que está dando muestras de una indiscutible, aunque trabajada resistencia. Prueba de ello son los poemarios publicados en los diez últimos años, tanto por parte de nombres ya conocidos como por la de poetas noveles. Esta circunstancia, por sí sola, justifica con creces el que dicho fenómeno siga siendo de actualidad, se le conozca cada día más y mejor y se le sigan dedicando concienzudos ensayos y análisis. En definitiva, leer y analizar para aprehender el porqué de la escritura hispanomagrebí en general, y de la poesía en particular, desde un punto de vista cognitivo pero también y sobre todo afectivo-emocional, es un generoso intento por situarse en esa frontera, inexpugnable y transparente a la vez, donde la mismidad del poeta aspira a entenderse a sí misma, a ser a fin de cuentas, agarrándose, lingüística y culturalmente, a la otredad como asidero inaplazable para afianzar su identidad plural, único garante de su libertad.

La identidad con mayúsculas es la superposición conflictiva y dialéctica-pero no por ello menos auténtica- de muchas identidades. Ser uno mismo significa ser lo que uno siente y quiere ser: uno nace y hereda una identidad determinada que puede enriquecer con otras identidades y querencias a lo largo de su vida y por lo tanto sería irracional estigmatizar a los individuos que abrazan otras latitudes porque sienten un gran malestar viviendo la suya propia o/y en la suya propia y, aunque su contemporaneidad y modernidad no pueden desgajarse de sus raíces, de su mismidad a fin de cuentas, sienten la imperiosa y vital necesidad de complementarla con otras mismidades “porque las identidades no dogmáticas ofrecen la posibilidad de una memoria no sometida a las alambradas”[1]. De este modo, y gracias a esta superposición, la mismidad vive sus propias contradicciones en su devenir y su “apertura al otro en cuanto otro, más allá de su consideración como simple proyección o, en el extremo opuesto, como amenaza de la propia mismidad”[2]. Se efectúa, así, un dialéctico ir y venir desde la dimensión estructural del ser, aquello que constituye la semilla de nuestra unicidad, la irreductible recámara de nuestra soledad, nuestro inalienable núcleo, hacia lo que determina la esencia de nuestro existir, a saber aquello que está en una incesante fluctuación y una acuciante paradoja dentro de la trayectoria cambiante de nuestras vidas. La mismidad se torna así, en palabras de Jean Paul Sartre, ipseidad[3].

En indisoluble relación con los conceptos de mismidad y otredad está la idea de la libertad como concepto ético, a la que hemos hecho referencia más arriba, en cuanto que esta, desde la perspectiva hegeliana, “nunca es ‘dada’, sino que es ‘hecha’- es hecha desde la abstracción de su idealidad hasta la concreción de la liberación del individuo de su individualidad estática, hacia su ser-otro con él y para el otro, ya sea en conflicto o en armonía”[4]. Así, pues, ser dueño de su propio destino, ser libre en sus decisiones, gustos y querencias es un aprendizaje continuo, un largo viaje durante el cual se entrecruzan horizontes de distinta naturaleza e índole, se asimilan conflictivamente diferentes conocimientos, modos de vida, contrastadas cosmovisiones y creencias, de suerte que el individuo va nutriéndose de identidades nunca irrevocables y definitivas, antes bien sujetas a constantes cambios y modificaciones. “Refiriéndose al ser humano Sartre afirma: “la existencia precede a la esencia”, es decir, el hombre empieza por existir y luego construye para sí una cierta esencia. Quien quiera ser depende de sus propias elecciones, de lo que proyecte de sí mismo”[5].

Justamente, la cuestión de la identidad y la libertad están, creemos, en el centro de la creación poética en general y de la dinámica interna que mueve a los poetas magrebíes que se expresan en español.

Hay que matizar, de entrada, que las razones y motivaciones, objetivas y subjetivas, que subyacen en la elección de la lengua española como modo de expresión por parte de los poetas magrebíes pueden variar de un sujeto a otro, en función de la pertenencia geográfica, el nivel sociocultural, la formación académica, las competencias lingüísticas, la ocupación profesional y de la trayectoria vital de cada cual. No obstante, podemos arriesgarnos a decir, con una ínfima probabilidad de ser conradichos, que, desde una perspectiva afectivo-emocional, a todos nos une el amor de la lengua española. Escribir, cuando uno siente en su interior el prurito de hacerlo, es un acto volitivo, quizás más que reflexivo, y elegir una u otra lengua no puede ser arbitrario ni anodino. Sin querer hacer extensivo a todos los poetas marroquíes que escriben en español el porqué de nuestra predilección –del que escribe estas líneas- por esta lengua como medio de expresión de nuestra  experiencia creativa, diremos que el hecho de haber tenido la interesante oportunidad de ‘salir’, física y vivencialmente, de nuestra propia cultura y nuestra lengua, de nuestra mismidad, en suma, para descubrir otro modo de vida y de entender el mundo, otras querencias y otros sentires, de haber tenido la posibilidad de vivir la libertad en  la otredad, de nutrir nuestra identidad doliente y quejumbrosa con la savia y los afluentes de una identidad nueva, ella también, por supuesto, sujeta a sus propios conflictos y contradicciones, fue determinante en aquella elección, en aquel acto reflejo, si se nos permite hablar así.

No pretendemos, en este trabajo, hacer una aproximación sicoanalítica- para la que no poseemos las herramientas teóricas necesarias, ni nos parece la más idónea para esta circunstancia- al fenómeno de la Literatura Magrebí en Lengua Española, y de la poesía en particular. Creemos en la pluralidad como ideal de vida y, como no, en la legitimidad de todas las preferencias metodológicas y todos los ángulos de vista analíticos; eso sí, siempre desde el respeto, la escucha y la lectura atenta y responsable. Nadie tiene la patente de corso ni un derecho de inspección único y exclusivo sobre la LMLE ni sobre nada. Como ya queda dicho, tampoco pretendemos hablar por boca de los propios poetas, ni sería ético adscribirlos, muy a su pesar, a nuestra línea de pensamiento- excluyendo a los que no nos ‘cuadran’.

Nuestro planteamiento quiere ser inductivo y se limitará, exclusivamente, a la producción poética -publicada- de los poetas que consideramos válidos, desde un punto de vista estrictamente literario, los que poseen un mundo y una visión poéticos propios. Incluiremos tanto a los poetas ya estudiados y analizados por nosotros mismos en anteriores ocasiones[6], para rastrear la continuidad o/y los eventuales cambios y evoluciones en sus inquietudes temático-estilísticas, como a poetas noveles con el fin de descubrir lo que les entronca o/y distingue con/de los demás poetas.

La temática abordada por los poetas magrebíes en sus poemas es heterogénea y variada, y su tratamiento afectivo y estilístico muy matizado en función de sus creencias personales, sus experiencias vitales y la profundidad de sus visiones. Sin embargo, algunos temas siguen acaparando el interés de muchos de ellos, tanto los avezados como los nuevos, constituyendo así una constante –casi una obsesión, diríamos- infalible de sus mundos poéticos.

Es el caso de Al-Andalus como espacio imaginario colectivo, testigo eterno de un periodo civilizacional excepcional remoto, pero cuyos ecos y reverberaciones siguen irisando un mundo suntuoso en el imaginario identitario de unos poetas que viven un presente complicado e intranquilo. Aquel momento esplendoroso aúna pasado y presente, convirtiéndose, así, en un motivo de orgullo, un parapeto y un mecanismo de defensa frente a un hic et nunc deslucido:

(…) un mediterráneo

Que ahoga con sus brazos,

Que araña con sus dientes blancos

De luna estéril,

Cualquier suspiro que

 se atreve a desafiar

Sus entrañas

Para unirse

Al latido de ese laúd

Que dejamos olvidado

En un rincón

De la vieja casa roja en Andalucía.[7]

En este bello poema, titulado Tuareg, la joven poetisa Lamiae El Amrani culpa metafóricamente al mar Mediterráneo, al Estrecho de Gibraltar –otro motivo temático común, ligado a la cuestión de la emigración clandestina, al que volveremos más adelante- de abortar el sueño de muchos aspirantes a cruzarlo para arribar a la otra orilla, a una casa que un día fue suya. No es, ni mucho menos, una proclama política; es más bien una nostalgia lírica contenida en un grito contra la impotencia.

La conciencia de que la añoranza de un pasado glorioso está en flagrante contradicción con un presente cargado de desigualdades e injusticias y constituye un vacuo bálsamo nos viene de la mano del poeta melillense  Mou Toufali:

No añoro a Granada

    ni a Fuente la Algarabía.

      Sólo espero calles limpias

        en el Monte María Cristina.

       Qué importan los castillos,

     los palacios o mezquitas,

      si el moro que los cuidara

 le cuesta toda la vida.[8]

Un tratamiento algo diferente le reserva a este tópico, a ese lugar común entre los poetas hispanomagrebíes, el poeta Abderrahman El Fathi en sus nuevas entregas, poéticamente mucho más sutiles y sosegadas que las ya tratadas en Calle del Agua, ya de por sí muy sugerentes.

El poeta afirma su identidad sin ambages:

Soy hijo del Al-Andalus, esclavo de tus suspiros,

inmortal para tus deseos y guardián de tus latidos.[9]

Al leer los poemas en su totalidad, que no tomados por separado; al tener siempre presente la relación interestrófica e interpoemática, necesaria para la comprensión cabal del mundo poético de cualquier poeta, nos percatamos, en el caso de El Fathi, de que esa identidad proclamada, ese ser de Al-Andalus no se refiere solo al pasado sino que incluye el espacio geográfico y humano llamado Andalucía, como extensión de aquel, en una simbiosis entre pasado y presente. Se entremezclan, incrustados en el alma y el imaginario del poeta, la herencia y el legado andalusíes y la fascinación profunda ejercida por los paisajes y los paisanajes andaluces actuales, fruto de una convivencia física, visceral, y de unas lecturas polarizadas hacia un norte que es parte integrante del sur. Donde mejor se ve esta rica ambivalencia cultural es en el poema RISALA ILA QADIS, una especie canto a la bella ciudad de Cádiz:

(…) así es Qadis, espalda del agua ofrenda del cielo a la luz

(…)

Mis recuerdos cuando te miro

 se reflejan desde Tánger

cuando se asoma desde mi corazón

para verte entre mi bahía,

risueña y sedosa

amarga como tu distancia.

Es una relación de fusión, de amor, entre el poeta y el obsesionante azul que impregna toda la atmósfera del Estrecho y que une las dos orillas a pesar del contraste que se intuye en la voz dolida del poeta entre aquel pasado-presente y este presente-pasado, no tanto por la quimérica distancia sino en cuanto a la fugacidad del siempre efímero encuentro:

Más entrañable que un adiós en un pasillo

Estrecho,

más sincero que una nube de verano,

así es nuestro amor, con olor a sal.

(…)

Se mueren de pena mis olas

en tu bahía

 son penas eternas por tu ausencia.

Este haber vivido en lugares que nos han marcado profundamente hasta el punto de sacudir nuestro ser y nuestra identidad; esa heteropía[10] que consiste en crearnos y apropiarnos de espacios de perfección e ilusión y poetizarlos porque nos acucia la necesidad de representárnoslos a cada instante, porque vivimos con el pavor de que se nos desdibujen, porque nos asalta la culpa de haberlos traicionado, está en la raíz de la experiencia creadora de más de uno de los poetas magrebíes de expresión española, entre los cuales nos incluimos. El transitar por dos culturas diferentes, la zozobra de no podernos asentar definitivamente en ninguna de ellas; aferrarnos a un pasado que no supimos o no pudimos que fuera nuestro presente engendran, cuando se da la circunstancia, momentos de alta poesía, como en el caso de Nisrine Ibn Larbi, una de las voces jóvenes más auténticas y prometedoras de la poesía hispanomagrebí actual, por la profundidad y el gran lirismo de sus imágenes y troquelaciones poéticas. Por la trasendencia de este sentimiento fundador, reproducimos el poema titulado Tú, mi ciudad en su integralidad:

Tú, mi ciudad, íntima y hermosa.

Te descubro en mí. Te vivo, te siento.

Aunque haya un mar más o menos estrecho.

Aunque pasen los años. Ni tú pierdes la belleza,

Ni yo la esperanza de recuperarte.

Tú, mi ciudad, íntima y hermosa.

Contigo vuelvo a nacer, al abrigo de murallas y nevadas

Tú, mi ciudad, fría y distante
Contigo vuelvo a nacer, al son de Amor y Sabiduría

Tú, mi ciudad, Tú, mi dolor y llanto

Tú, lejos en el ahora. Tú, cerca en el ayer
Hemos vivido ya todos los sueños,
“Si una vida, como todo, es cuestión de historias

Acercarme a tus calles fue crear un destino”.

Es el mismo destino que me lleva a huir en mitad de un mar sin fondo,

como tantos son los huidos y refugiados hacia la mar… [11]

Estamos ante un himno a la ciudad de Granada, el tributo poético de la autora a un espacio que moldeó para siempre su devenir, donde se trasluce, como en tantos otros poetas magrebíes, una violencia lírica que traduce el paso conflictivo, por agridulce, de una identidad ‘hecha’ a otra identidad por hacer. Hay que completar el contagio de este bello canto con la lectura de otro poema, La huida[12], donde las sutiles metáforas, los enrabietados encabalgamientos abruptos y los hipérbatos encuentran su correlato, del lado del significado, en la insistencia en la experiencia vivencial y anímica antes descrita, pero esta vez amplificada con el pathos del amor-desamor:

“fue dulce la huida

y hermosa la derrota”

………………

  Es tan corto el amor y tan largo su slencio.

………………  

La huida es amarga…aún más…si cabe

      en tu ausencia.    

El último vagón vacío de sombras

              surca imparable mi mar ferroso.[13]           

Este encantamiento por los lugares, este repliegue en los pliegos de la memoria, ese construirse una hetecronía[14] , contrapunto de un presente menos resplandeciente, encuentra su expresión poética, también, en la producción literaria de nuevos poetas hispanomagrebíes. Es el caso de la joven Hanan Rais, que, con un verso directo y sincero, hace un pequeño recorrido por los lugares de su infancia y por algunos pueblos y ciudades del norte de Marruecos. Originaria de la ciudad de Alhucemas, no puede por menos que cantarle a su ciudad y su pueblo natal, a sus playas y a lo que califica como su niñez dorada:

El cielo se maquilla de turquesa

Al mirarse en el espejo

De tus bahías

Otras veces se pinta de rosa

Reflejo del color

De tus mejillas,

La sonrisa de la espuma blanca

Dibuja el contorno

De tus orillas,

El Rif se siente orgulloso

De tus montañas altas y altivas…[15]

Son remembranzas que, en su candidez y su autenticidad, se extienden a otros espacios del presente de la poetisa, haciéndose cosmopolitas y testigos de aspiraciones y atracciones querenciales distintas. Dirigiéndose a un tú explícito, Tánger, el yo poético se pregunta:

¿Qué me atrae hacia ti?

¿Será tu sol amigo de las colinas

¿El encanto de las Yeblías

Que pasean por tus Casbas?

¿Serán tus altas y majestuosas murallas

Que alcanzan las nubes

Y acunan a las cigüeñas?

¿Será tu nombre legendario?

Tánger de mil y una noches

El Dorado de mis sueños

La casita que he tejido

En mis cuentos de hadas.[16]

Por lo demás, el tópico poético que consiste en poetizar los lugares de la niñez y las ciudades natales está en casi todos los poetas magrebíes, incluso, o quizá con más razón, en poetas que dejaron su tierra desde muy jóvenes y fueron a buscar otras latitudes, como el poeta Moisés Garzón Serfaty que no se olvida para nada de su Tetuán, a pesar de la distancia:

Buscaba el jardín de las rosas

Sin saber que las tenía.

(…)

Tengo en ti sembrada mi nostalgia,

llama en la etérea lejanía

(…)

Amado rincón donde asomé a la vida.[17]

Las vueltas a los lugares de la memoria, estas revisitas catárticas a los orígenes mediante la palabra poética, se vuelven efectivas y reales, aunque también poetizadas, en la experiencia iniciática de Morad Zian, un tetuaní afincado en Madrid. En su poemario de versos rimados, Oniria[18], hace suya la aseveración de Rainer María Rilke, aplicable, por lo demás, a cualquier verdadero poeta, según la cual, “Se debería esperar y saquear toda una vida, a ser posible una larga vida y después, por fin, más tarde, quizá se sabrían escribir diez líneas que serían buenas. Pues los versos no son, como creen algunos, sentimientos (se tienen demasiado pronto), son experiencias”[19]. En el poeta Zian, la poesía, como pocas veces, acompaña al poeta en su calvario, en su lucha cuerpo a cuerpo contra la enfermedad, con un estoicismo y una lucidez encomiables:

Preguntadme por lo que he guardado,

Y por si el objetivo se ha logrado.

Preguntadme si queréis por mi ataúd,

Madera de bello algarrobo esmaltado.

 Marcadme una fina melodía con laúd,

Taqsím, sin abusar del sonoro teclado.

Así me despido hoy de todos ustedes,

Vuelvo al cementerio de Tetuán,

Tumbado en un blanco Mercedes,

Contento, con mi deber acabado.[20]

En esa experiencia extrema, este poeta singular se manifiesta, en su intento por conjurar su fatum, como si estuviera más preocupado por las palabras que por su propio destino:

Oh mis queridas letras,

No lloréis mi ausencia

Estaré con vosotras,

  Notareis mi presencia[21].

En otro orden de cosas, siguiendo con la exploración y el escrutinio de los temas de predilección de que parten y se sirven los poetas magrebíes de expresión española para darnos a conocer su mundo poético, está lo que se podría llamar poesía testimonial, social o de denuncia. Llegados a este punto, quisiéramos hacer una puntualización. El único interés que tiene, para nosotros, la literatura hispanomagrebí, la literatura a secas, es su dimensión literaria, valga la redundancia; es decir, su elaboración y su valor artísticos, la dimensión que hace de ella un mundo imaginario que se vale de sus propios medios, intrínsecos y específicos, no como reflejo de referentes históricos arropados en palabras, sino en tanto que la palabra, máxime en poesía, es la que crea su propia realidad, a través de asociaciones y construcciones únicas e inimitables. La historia de la literatura o/y la crítica sociológica de la literatura son aproximaciones, por muy legítimas que sean, se sitúan, queramos o no, en las periferias, en las circunferencias y nunca en el centro del fenómeno creativo.

Ello no quiere decir, en ningún momento, que el poeta tenga que permanecer ajeno a su entorno y a la coyuntura histórico-social que le ha tocado en suerte. Lo que le diferencia fundamentalmente del sociólogo o del reportero periodístico es la mirada y la sensibilidad con que capta y aprehende los aconteceres y las transformaciones creativas a que somete a estos mediante su emoción y su imaginación.

Es el caso, en lo tocante a la poesía hispanomagrebí, entre otros, de la tunecina Khédija Gadhoum, una poetisa muy interesante en más de un aspecto, como vamos a comprobar a continuación. La revolución de los jazmines ocurrida en su país, Túnez, con sus logros y sus abortos, no podía por menos que interpelar su alma de poeta:

…y con el último suspiro…

                             cayeron

                             los úlimos inmaculados jazmines

                             cayeron

                             en manos de patológicos versados

    barbarie de sospechosa reminiscencia

         cayeron (en nombre de un insólito dios)[22]

En estos y en otros versos, todos con una disposición gráfica irregular, casi cubista, sin una sola mayúscula, la poetisa versa su memoria caótica y los resabios de un grito colectivo que nació espontáneo y deseoso de acorralar a los censores de la libertad para desbaratarse, a la postre, en unos versos encolerizados y aquejosos:

   los diplomados mandatarios hijos de dudosa alcurnia y otras aves de rapiña atildados con mente ilustrada y sacacuartos exhiben su presagiada derrota mientras cosechan aceitunas verdes y caviar de exóticos colores

las heroicas gestas de un ayer glorioso permanecen tatuadas en paredes túneles puentes y memorias de calumnias eternas

 el presente ha retomado su paso medieval en nombre de la misericordia[23]

El juego poético de los contrastes y los opuestos, transfiguración de una realidad poliédrica, de unos destinos que se debaten en sus propias dudas y contradicciones, de un pueblo que anhela el Norte aunque su Sur le sigue obsesionando y se resiste a dejar de reclamarlo, alumbran versos de una sentida autenticidad:

                en mi noble tierra

                los que se quedan sueñan con irse

                y los que cruzan el mare nostrum

                sueñan con la promesa de volver

                      ¿adónde?[24]

Esta última pregunta retórica, traspasada de negación y perplejidad, expresión descarnada de unas gentes deshabitadas en su propia tierra encuentra su respuesta en la experiencia personal de la poetisa, bajo forma de simetría bimembre a lo Gerardo Diego (Qué pavorosa esclavitud de isleño,/yo, insomne, loco, en los acantilados,/las naves por el mar, tú por tu sueño) en estos dos versos sacados de su último poemario más allá del mar (bibènes):

mi tierra, mi secreta delicia.

¿cuánto silencio desfila entre mi suspiro y tu olvido?[25]

Muchos y variados son los temas poetizados por Khédija Gadhoum, una excelente poetisa y profesora afincada en Estados Unidos pero que lleva a cuestas la tierra que la vio nacer, Túnez, con su dimensión y su condición de sureña y mujer, condición que reivindica desde la distancia y la palabra poética, sin renunciar, en ningún momento, a la empatía para con las contingencias y fragilidades de sus gentes. Por algo encabeza la primera parte de Celosías en celo con una frase del poeta sudanés Taieb Salah que resume a la perfección la dualidad identitaria en la que nos debatimos los norteafricanos y con más razón los poetas, cuya conciencia está siempre alerta para intentar capsular en la palabra los titubeos del alma: “Je suis un Sud qui a la nostalgie du Nord”[26].

Al sometimiento de la mujer tunecina, árabe de forma general, al yugo perenne de unas tradiciones anquilosadas, representadas por la tiranía acomodaticia del hombre, ufano de una orientalidad mal comprendida y ‘bien’ explotada y aprovechada, dedica Gadhoum un poema lacerante,  donde denuncia, con una hilaridad burlona y una estructura estrófica caótica, la milenaria costumbre que consiste en hacer pública la desfloración de la novia la noche de bodas:

                          infame intrusión a la sagrada VIRGEN

                          en su más sagrado e intocable altar

 milenarias convenciones y convicciones

                            de larga y perversa tradición

                            desgarre

                                        brutal

de

             voces

                          en

                                       bruto

    con o sin micrófonos siguen predicando

                           devotas castas devotos sermones

                           el bendito honor

inherente a reinos de otras épocas y

                                                                           ariscas mentalidades

 Estas escasas líneas son insuficientes para cercar el mundo poético de Khédija Gadhoum en su totalidad y riqueza, que merece un estudio más amplio y minucioso[27].

No podemos cerrar y acabar este ensayo, breve e incompleto, sin aludir a una de las experiencias creativas más originales y únicas dentro de la poesía en lengua española escrita por magrebíes, la del poeta, también tunecino, Mohamed Doggui. Sus dos últimos poemarios, Derroche de azabache [28] y La sonrisa silábica[29], son muy interesantes, no ya por su indiscutible valor literario, sino porque corroboran lo que hemos afirmado más arriba en relación con el binomio escritura/compromiso social al que se suele adscribir obligatoriamente a los poetas hispanomagrebíes y al que nosotros oponemos la necesidad, la obligatoriedad de la dimensión estética como requisito insustituible en la valoración de la creación literaria. Los que conocemos a Mohamed Doggui sabemos de su integridad y del ahínco con que defiende la libertad de expresión en su país, que le valió más de una contrariedad. Sin embargo, Doggui se arma, en sus poemas, preferentemente octosílabos, de la ironía y el sarcasmo para proclamar la supremacía y el triunfo de la poesía:

                                  El diamante no lo alcanzo,

ni el oro está a mi alcance;

                                  de la chatarra inservible

te forjo un verso flamante.[30]

Doggui domina todos los artificios poéticos, métricos, sintácticos y de pensamiento. Metáforas, hipérbatos, encabalgamientos, estructuras bimembres y geniales correlaciones estructuran la totalidad de sus poemarios, con un tono popular, fresco y jocoso[31], frases sentenciosas e incluso una especie de metapoesía donde la poesía tiene como asunto sus propios medios. Es el caso del poema titulado Poema Biestrófico[32]

                                   Me sonríe, y sus labios,

rectamente superpuestos,

                                   un pareado me escriben,

                                   hecho con rima perfecta.

Se acercan calladamente,

y con los míos componen

                                    una cuarteta simétrica

hecha con rima cruzada.

En definitiva, un poeta completo, profundo en su hilaridad y una de las voces poéticas magrebíes ineludibles.

A modo de conclusión, queremos hacer hincapié en que el fenómeno -si aún se puede hablar así- de la literatura magrebí en lengua española es un proceso en construcción y, por lo tanto, cualquier enjuiciamiento al respecto solo puede ser provisional y parcial, por faltarnos la perspectiva histórica necesaria para una consideración global y cabal, sobre todo en lo que atañe a los escritores jóvenes. Lo que sí constituye nuestro deber es prestarle toda nuestra atención y acompañarlo con estudios concienzudos y sosegados.


[1] Discurso de Luis García Montero con motivo de su distinción como Hijo Predilecto de Andalucía, http://www.juntadeandalucia.es/presidencia/portavoz/119539

[2] Mariano Álvarez Gómez, (s.f.), Mismidad,    http://www.mercaba.org/DicPC/M/mismidad.htm.

[3] Ibid.

[4] Naxhiely Cristina Marroquín, (06-09-2008), La libertad como concepto ético, http://cristina234.blogspot.com/2008/10/la-libertad-como-concepto-tico.html.

[5] Alejandra Meneses Reyes, (2008), Libertad, determinismo e identidad personal, http://www.javeriana.edu.co/cuadrantephi/pdfs/N.16/Determinismo,_libertad.pdf.

[6] Vid. V.V.A.A. Calle del Agua. Antología contemporánea de Literatura Hispanomagrebí, SIAL Ediciones, Madrid, 2008.

[7] Lamiae El Amrani, Estrecheños, Editorial Lápices de luna, Granada, 2015, p. 51.

[8] Mou Toufali, Canciones y poesías II (Selección de poemas), Biblioteca Africana – Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2011, p.3.

[9] Abderrahman El Fathi, Danzadelaire (Selección de poemas), Biblioteca Africana – Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2012, p. 16.

[10] Michel Foucault, Dits et écrits 1984, Des espaces autres (conférence au Cercle d’études architecturales, 14 mars 1967), in Architecture, Mouvement, Continuité, n°5, octobre 1984, pp. 46-49. PDF.

[11] Nisrine Ibn Larbi, Tú, mi ciudad, Revista Dos orillas, XIII-XIV, Algeciras, Año 2014, p. 121.

[12] Nisrine Ibn Larbi, in Estrecheños, Editorial Lápices de luna, Granada, 2015, p.p. 22-26.

[13] Ibid. p.p. 22, 24 y 26.

[14] Michel Foucault, ibid.

[15] Hanan Rais, Tu bello nombre, Alhucemas, Crepúsculos mediterráneos, Imprimerie rapide, Kenitra, 2016, p. 40.

[16] ¡Tánger qué bonita eres!, ibid, p. 14.

[17] Moisés Garzón Serfaty, Añoranza de Tetuán, Estrecheños, Editorial Lápices de luna, Granada, 2015, p. 85.

[18] Morad Zian, Oniria, Gerust Creaciones S.L., Madrid, 2016. ISBN PDF: 978-84-16899-03-6.

[19] Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, Traducción de Francisco Ayala, Prólogo de Guillermo de Torre. Buenos Aires, Ed. Losada, S.A. 1958, pp. 30-31.

[20] Poema Algarrobo, Oniria, ibid.

[21] Poema tristes letras, Oniria, ibid.

[22] Khédija Gadhoum, 18 de enero, Celosías en celo, Ediciones Torremozas, Madrid, 2013, p. 22. PDF.

[23] Milonga, ibid, p. 23.

[24] Ibidem, p. 24.

[25] Khédija Gadhoum, viñetas para soñar, más allá del mar (bibènes), Cuadernos del Laberinto, Madrid, 2016, p. 58. PDF.

[26] “Soy un Sur que tiene nostalgia del Norte”.

[27] Ver el artículo Celosías del recuerdo del poeta y crítico literario José Sarria: http://www.sur-revista-de-literatura.com/Resennas03/SarriaCelosias.pdf

[28] Mohamed Doggui, Derroche de azabache, Ediciones Carena, Barcelona 2017.

[29] Mohamed Doggui, La sonrisa silábica, Ediciones Carena, Barcelona, 2016.

[30] Poema Reciclaje, La sonrisa silábica, ibid, p. 40.

[31] Ver el prólogo a este poemario del poeta y crítico literario Manuel Gahete.

[32] La sonrisa silábica, ibid, p. 46.

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