DESCRIBIENDO LA LMLE: ALGUNOS RASGOS

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CONGRESO “LA FRONTERA LÍQUIDA”

Córdoba, 25-26 noviembre de 2019

Ponencia de Mohamed Abrighach

Universidad Ibn Zohr-Agadir

Introducción

La Literatura Marroquí en Lengua española (LMLE) es una neo-literatura en el actual paisaje de las letras hispánicas. Comparada con estas últimas puede considerarse en clave de lengua, edición, difusión y recepción como desterritorializada, minoritaria, marginal y fronteriza. Si bien últimamente está repuntando y significativamente en clave editorial y creativo, sigue no obstante siendo necesario estudiar esta literatura con vocación crítica de totalidad considerando todas sus vertientes, la textual, la intertextual y la invención imaginaria con el objetivo de nombrarla y determinar claramente sus categorías y plantear sus problemas/problemáticas.

En esta breve comunicación intentaré hacer una incursión teórico-crítica y pongo de manifiesto algunos rasgos esenciales, todavía no definitivos de LMLL con miras a arribar a una inicial sistematización taxonómica que ayude a perfilar más su identidad y construir su canon.

Una literatura en construcción y con futuro incierto

Aunque ya tiene en su haber nada menos que medio siglo o más de existencia, la Literatura Marroquí en Lengua Española sigue siendo todavía un imaginario en ciernes, en fase casi continua de gestación y autoconstrucción. Por cierto, la historia de las literaturas nacionales siempre da a conocer que éstas viven esta situación por condicionantes históricos, pero la superan en el tiempo con el auxilio conjunto del estado-nación y sus instituciones tanto culturales como de enseñanza, de la crítica, a más de la existencia de un receptor/lector potente, real y significativo, con compacta base social. Mencionadas circunstancias no se dan en el caso de la literatura que nos ocupa por lo que se ve abocada a una marginalidad si no, endémica, estructural: el estado nación ya tiene su literatura nacional que promociona  entre otros componentes de su identidad asimismo nacional, la escrita en árabe y últimamente, en amazigh, con escepticismo cultural e indiferencia con respecto a las otras de su diverso paisaje cultural, por ser consideradas poco espurias y nada portadores del espíritu social, cultural y psicológico de la nación, como la francófona y la hispánica.

El declive que está conociendo el español en Marruecos es una situación desfavorable. A parte de que el castellano no puede y no sabe competir con el inglés, está perdiendo atracción y atractividad entre los jóvenes marroquíes, como se ha averiguado en el fracaso del bachillerato internacional español, el bajo número de matriculados primero en universidades españolas todas las carreras confundidas y segundo en los siete departamentos de español de las universidades marroquíes, el único semillero de potenciales hispanistas y escritores, cosa que se contrasta con el auge en la demanda que tenía en los años ochenta y noventa, pese a la existencia de siete centros Cervantes.

 El circuito de la distribución y la difusión completa el panorama pesimista porque el libro español si existe casi no se distribuye y no llega al lector español de por sí minoritario, nada experimentado y casi inexistente en el país. La forma con que España implementó el proceso de descolonización fue tan torpe: dejó todo el patrimonio material e inmaterial por ella creado a merced del abandono, dando la espalada a la escasa élite hispanófona, sin mesurar en clave de futuro el parentesco emocional y cultural construido por ambas partes a lo largo de la historia. Esta actuación fue un golpe, digamos, casi mortal y casi iba  en camino de provocar en los sesenta y setenta la extinción de la lengua y la cultura española, si no intervinieran los franceses y los pocos hispanistas que iban dando palos de ciegos acá, allá y acullá a favor del español y escribiendo en castellano por simple voluntad de reafirmación reivindicando su seña de identidad local y dando la cara a la imponente e impuesta francofonía.

La situación descrita líneas atrás transmite pronósticos de futuro nada optimistas y me atrevo a dictaminar a mansalva que esa búsqueda de sí por parte de la literatura marroquí escrita en español, le será algo permanente en su andadura, tal vez una característica definitoria e intrínseca a ella. Por eso, conceptos harto utilizados como escritores precursores, maestros o creadores, incluso forjadores de la LMLE son poco disuasorios; fueron tal vez en clave operativa necesarios para describir la aparente y real evolución y explicar ciertos rasgos del imaginario en cuestión pero que en perspectiva metodológico-científica sigue siendo obsoleta o al menos falto de más precisión. Nuestra literatura marroquí en español está en fase de creación y en busca de su canon.

Una literatura poscolonial

La LMLE es, a mi juicio, un imaginario poscolonial siendo su trasfondo esencial el contexto de la poscolonialidad. Buscarle una genealogía más lejana y remontar su origen al siglo XIX insistiendo así y porque sí en ello, no tiene fundamento ni peso disuasorio. En la época colonial hubo por cierto escritura en español con textos esencialmente ensayísticos con la existencia de algunos de dudosa calidad literaria y ficcionalizante. Fueron sí literarios dos de los cuentos que se publicaron en la revista Al-Motamid. Verso y prosa: “La proscrita” de Abdullatif Al Jatib (1953:4-3) y “Sulija” de Mohamed Temsamani (1955:5-6), los únicos que tienen ficción propiamente dicha y cumplen no sin maestría con los requisitos del quehacer narrativo. Ambas narraciones a las que habría que añadir “Más sobre Zoraida”, un cuento de Driss Diuri publicado en ABC en 1949, se pueden considerar como los primeros atisbos literarios de la Literatura Marroquí en Lengua Española en la época colonial, los únicos, huelga decir, que se merecen este calificativo. Según la fecha de su edición, los tres textos vieron la luz a principios de los cincuenta, a poco tiempo de darse por finalizado el Protectorado y la consecuente independencia de Marruecos en 1956. Las demás creaciones concebidas como literarias y que a veces se citan por algún que otro estudioso no tienen valor estético ni imaginario, amén de que sus autores son ocasionales y sin clara vocación creativa. Ambos hechos que estos últimos confirman posteriormente al no dejar huella de obra física o de algún texto literario a considerar. El caso de Mohamed Sabbag es particular y su poemario El árbol de fuego de 1954 no se redactó originariamente en español como se dio por pensar; fue una auto-traducción, mejor dicho, una co-traducción que el poeta tetuaní realizó auxiliado por Trina Mercader. Consecuencia: la real y natural pertenencia de Sabbag es a la literatura nacional marroquí escrita en árabe. Un dato importante por considerar.

Vista la situación, hablar de la existencia de una supuesta literatura marroquí escrita en castellano en la época colonial se contrasta con la realidad histórica y pierde todas las de convencer en una palabra dado que la política colonial quiso nunca quiso favorecer este tipo de imaginario y quería mantener la dicotomía colonizado/colonizador para justificar su existencia colonialista.

Incompletud creativa, genérica y pragmática

La incompletud o incompletez se nota en más de un aspecto o dimensión. La primera es genérica. La canónica tripartición aristotélica que hace de la lírica, épica y drama, tres de los géneros constitutivos del sistema literario como tal, falla en nuestro caso porque no hay escritura dramatúrgica verdaderamente hecha si se exceptúan los únicos bocetos teatrales escritos desde los noventa por El Fathi (2000) y Benabdellatif (2005) y algún que otro intento de Yacoubi Aicha (2008), en su conjunto simples y nada significativos ensayos de escritura dramatúrgica que no tuvo desde entonces continuidad ni artífices. No deberíamos olvidar el caso de Drius Diuri que recogió en su famosa Miscelaña (1962), tres obritas dramáticas muy olvidadas: a Un grito en el aire, Laura (drama en un acto) y Conversación entre dos viandantes.

 Por cierto, el género narrativo es el más desarrollado, así como cultivado al igual que la poesía. Con respecto al primero sobresale más el relato breve en que la LMLE afirma su existencia en calidad, y tal vez donde se gesta la creatividad imaginaria y lingüística de la misma con intentos incluso de cierta experimentación formal en la composición estructural y la enunciación elocutivo-narrativa, amén de una crítica atroz llena de humor e ironía de muchos de los parámetros tanto políticos como consuetudinarios y mentales de la sociedad marroquí. Es en definitiva una literatura en mayúscula, con capacidad de competir universalidad con la más literaria de las literaturas universales. Me refiero a los cuentos de autores como Lahchiri, Akalay, El Harti, Ararou y El Gamou, sin olvidar otros nombres de jóvenes narradoras/es como Sanae Chairi, El Ourrad y Gharrafi.

La segunda vertiente que informa la incompletud tiene que ver precisamente con la falta de constancia creativa y acumulación imaginativa en un nombre no insignificante de los autores, se trate de novelistas y cuentistas o de poetas, salvando, claro está, por razones ya expuestas atrás, la dramaturgia y el ensayo. Unos son de efímera existencia en la mayoría de las veces desaparecen de ensalmo del panorama después de alguna publicación, sea relato o poema, una especie de escritores puros fantasmas. Otros, sin embargo, son ocasionales aparecen y desaparecen por mucho tiempo para volver a reaparecer, pero sin continuidad y desde luego sin proyecto creativo previo y de improviso llevados por el impacto del momento y de la incidencia directa de las circunstancias, ejemplo de Chukri El-Bakti, Ahmed Sabir, Laila Bel Ghali etc. Incluso nos topamos con figuras que tienen en su haber tan solo un cuento publicado, caso de El Ourad Hamid y Ezzaim Allal, Mohamed Messari, Jebrouni o una obra editada tanto en poesía como en prosa, caso Jalil y Hassan Tribak, Sara Aloui, Samira Briguech, etc. El resto que entra dentro de la categoría de autores con vocación son ciertamente escasos, pero están por paradoja dando ejemplificación de una literatura que va adquiriendo dosis más amplias de calidad contribuyendo a su forma a cimentar las bases de una literatura verdadera en términos de calidad escritural, lengua utilizada y concepción del mundo. Si exceptuamos tres o casi cuatro nombres, como Bouissef Rekab, El Fathi, Mohamed Lahchiri y en cierta Medida Aziz Tazi y los hermanos Mohamed y Karima Toufali, amén de otro poeta joven como Ismael El Alaoui, Aziz Amahjour, los demás o bien tienen ya solo una o dos obras de creación, tipo de Akalay y El Harti, bien son autores sin obra, caso de Ararou.

Otra incompletez se registra a escala de la recepción La semiosis de una obra literaria sólo se hace realidad con la lectura que le da sentido y completa el circuito comunicativo. Esta situación es deficitaria en la LMLE por la simple razón de que muchas de las obras editados se hicieron en concepto de autoedición sin mecanismos de distribución ni de comercialización. Por ello, la literatura en cuestión es inaccesible, se vende en círculos muy restringidos y con frecuencia es el mismo autor que lo realiza regalando a veces su obra a sus amigos o en coloquios.

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