¿La traducción como lengua prestada o líquida?

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CONGRESO “LA FRONTERA LÍQUIDA”

Córdoba, 25-26 noviembre de 2019

Ponencia de MEZOUAR EL IDRISSI

Profesor universitario en la

Escuela Superior Rey Fahd de Traducción en Tánger

El acontecimiento de Babel representado metafóricamente en la destrucción de la famosa Torre de Babel, se interpreta como maldición y castigo de Yahveh, quien confundió los idiomas de la humanidad para que no se entendiesen los unos con los otros, según la tradición judeocristiana (el libro del Génesis -11-19) y que, de allí, se dispersó la humanidad, acarreando la fragmentación de su cultura, deconstruyendo todo lo que fue construido y sólido.

Así, y según el famoso mito, aparecieron los distintos idiomas que causaron el desentendimiento entre la gente, creando un auténtico caos lingüístico y trazando unas fronteras que impidieron el contacto social e intelectual entre los pueblos, además de la edificación de estos muros, adoptaron la exclusión como manera de rechazar al otro y creyeron en la separación entre dos espacios, que se podrían definir como un adentro y un afuera. Son fronteras que perturban el entendimiento, e implícitamente, obstaculizan el acercamiento entre los idiomas y las culturas, las cuales presumen de ser las verdaderas manifestaciones a través de las cuales se reflejan las identidades con sus diferentes costumbres, visiones del mundo, creencias, etc.

Desde esta perspectiva, podemos concebir la traducción como lengua vehicular que repone la fractura idiomática surgida entre las culturas, en este caso, la que existe al oeste del Mediterráneo, entre España y el Magreb, cuyo papel es hacer de mediadora que aboga por la convivencia y el entendimiento entre las culturas. Es el mismo papel que procuramos cumplir nosotros los traductores del español al árabe y viceversa.

En realidad, nuestra labor como traductores se inscribe dentro de una tentativa que filosóficamente se denomina El retorno eterno para recuperar el momento babélico, el momento de la felicidad, aquel momento en el que todo el mundo hablaba una sola lengua, y en el que las relaciones sociales eran más corrientes y más fluidas a todos los niveles.

Según el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, que se interesó mucho por las relaciones sociales, y quien no se cansó en insistir para convencernos de que vivimos unos tiempos líquidos, en los que nada ni nadie, en nuestro mundo, conserva su estado sólido y consistente, porque el cambio continuo es la ley que rige nuestra existencia, arrastra la solidez en sus múltiples manifestaciones, para convertirla en liquidez, sin olvidar que la liquidez en su esencia es al mismo tiempo manipulación y adaptación.

En efecto, notamos que la traducción está en continuo movimiento y que logró invadir todos los campos relacionados con las actividades humanas: La ciencia, el arte, la religión, la cultura popular, etc. De este modo, resulta difícil no admitir su presencia de lleno en todos los contactos y las relaciones sociales. Esta presencia arrasadora, significa que su materia es líquida lo que le facilita adaptarse culturalmente a su contexto de llegada. 

 Según lo anunciado anteriormente, cabe preguntarse ¿Es posible considerar a la traducción como una lengua antes de plantearla como una lengua prestada?

Como hay antecedentes en la historia no habrá, entonces ningún inconveniente en plantearnos esta pregunta, porque sabemos que, a partir de 1887, en los círculos científicos e intelectuales europeos se planteó el esperanto como un lenguaje construido y propuesto a nivel internacional para facilitar la comunicación y la transmisión del saber, las experiencias y las vivencias entre los habitantes de nuestro mundo.

La traducción en sí es una lengua, es la lengua de Europa[1] según el semiólogo italiano Umberto Eco, en su referencia a la realidad lingüística de la Unión Europea, que abarca 28 países con sus diferentes etnias, culturas e idiomas.

Ahora, podemos preguntarnos ¿Se podría considerar a la traducción como lengua prestada?

Me parece que el filósofo Walter Benjamín contestó a esta pregunta en el siglo pasado, cuando dijo que «La traducción sirve pues para poner de relieve la íntima relación que guardan los idiomas entre sí.»[2] Al mismo tiempo, creo que esta íntima relación hace que «…siempre es posible traducir de lengua a lengua.»[3]

En mi punto de vista, el hecho de abordar la traducción como lengua prestada requiere una revisión cautelosa, porque la acción de prestar admite la presencia de dos partes por lo menos: 1-La primera parte ofrece algo para luego recuperar lo prestado o volver a recibirlo y a veces con un algo más añadido. 2-La segunda parte que suele ser necesitada, recibe la ayuda y se siente endeudada con la primera parte.

Si volvemos de nuevo a Walter Benjamín, notamos que ninguna de las dos partes puede pretender que prescinde de la otra: El escritor está en deuda con el traductor porque este último, le ofrece la supervivencia a través de la conquista de nuevas geografías culturales[4], mientras que el traductor reconoce que su trabajo, es decir su «traducción brota del original,»[5] además de que su existencia depende del autor y su obra.

Contemplando las dos posturas, podemos deducir que la traducción se consigue recurriendo a la edificación de una lengua aparte, cuya esencia, según Emanuel Levinas, es la amistad, la hospitalidad y el don. Además, la traducción es la manifestación de un amor bilingüe, según la famosa expresión del filósofo marroquí Abdelkebir Khattibi.

Comparar la traducción con el puente, que se emplea para enlazar dos puntos separados, me parece una metáfora consumida. Porque en el momento en el que este puente enlaza, evita el contacto directo entre las dos orillas y mantiene la distancia entre las dos partes. Así, no se puede descartar el riesgo del derrumbamiento. El puente es un instrumento inmóvil, que sirve para cruzar al otro lado y que no tiene ninguna influencia en sus transeúntes.

En cambio, la traducción se manifiesta como interacción textual, como creación que se basa en la relación, la amistad, la confianza, el amor, la aventura y la predisposición para reconocer al otro y darse a conocer a través de la introducción de lo nuevo[6], según Homi Bahbah. Todo esto se consigue en un Tercer Espacio[7] que la traducción garantiza y ofrece, el espacio de intersección entre las dos lenguas.

Cabe señalar, que la ocupación de Marruecos por España -es decir, su colonización llamada con eufemismo protectorado (1912-1956)- generó un movimiento cultural, que se reflejó a través de las instituciones (Escuela de Bellas Artes, Escuela de Artes Indígenas, Conservatorios de Música, Teatros, bibliotecas, ferias…), la edición de obras literarias y científicas, la edición crítica de decenas de libros, la prensa y la traducción.

La importancia de la traducción se notó en los libros que se tradujeron en esta época y particularmente en las famosas revistas Al-Motamid y Ketama, que plasmaron los valores que mencioné anteriormente. La traducción, en estas dos revistas, era aquel Tercer Espacio, donde todo lo publicado en español se vertía en árabe y viceversa. El propósito de estas revistas, es decir de sus equipos y sus colaboradores, era regalar a sus lectores nuevas experiencias, libres de cualquier complejo de superioridad o inferioridad.   Además, estas creaciones literarias aparecían en ambas revistas en otros idiomas europeos, como si fueran una tentativa de recuperar la unidad perdida después de la diáspora andalusí causada por la Reconquista.

Los intelectuales que inauguraron este noble periplo apostaron por la traducción, sin ninguna intención de recibir algo a cambio, porque no esperaban recuperar lo que dieron. Según Rene Welleck «Gran parte de nuestra labor se propone derrumbar estas barreras, demoliendo estos muros por medio de las traducciones, los estudios filológicos, la labor editorial, la literatura comparada o, simplemente, por medio de la afinidad de imaginación.»[8]

La traducción se manifiesta como un don, no solamente un don que viene del traductor, sino de las instituciones estatales, las empresas, las asociaciones, etc. Nosotros aquí, en este congreso reflejamos esta virtud.

Durante el proceso de la traducción, los traductores destruyen la idea del texto original, o sea el texto sólido, lo deconstruyen y lo convierten en una pluralidad lingüística, en algo líquido.

La traducción, no es sólo un género literario aparte[9], tal como la definió Ortega y Gasset, sino también una lengua aparte, una lengua caracterizada por su liquidez, que se define como un elemento en continuo cambio e incesante liberación de la hegemonía del poder.

En realidad, esta traducción líquida, en nuestro caso hispano-magrebí, aquí y ahora, está en continuo desarrollo, especialmente en el presente mandato del gobierno socialista, por eso creo que debe ser un tema de interés sobre todo para la política de Estado y no solamente del gobierno. La historia muestra que, durante mucho tiempo, estas dos orillas tanto la española como la magrebí, fueron más unidas que separadas.

No cabe duda que, sin la mediación de la traducción, no hubiese sido posible entablar cualquier relación con la cultura del país vecino en la orilla de enfrente, tampoco se hubiese vivido este acontecimiento que nos une y nos reúne para ver libros y antologías de ambas culturas circulando con fluidez.

De este modo, la traducción nos da una idea sobre sí misma, sobre su experiencia textual, sobre su sueño y sobre su lucha continua para que el mundo sea un espacio de paz, igualdad, convivencia, entendimiento, amor, respeto y sobre todo, de intercambio mutuo de más valores universales con el fin de salvaguardar el bienestar de la humanidad, y que ella se convierta en lengua común, lengua líquida.


[1]– Eco, Umberto.in https://elpais.com/diario/2004/04/17/internacional/1082152816_850215.html

[2]– Benjamín, Walter. “La tarea del traductor” p. 132 (1923). AngelousNovus. Barcelona Edhasa, 1971. https://programaddssrr.files.wordpress.com/2013/05/la-tarea-del-traductor-walter-benjamin.pdf (consultado el 6/10/2019)

[3]– Eco, Umberto.la búsqueda de la lengua perfecta.p.156

[4]– Benjamín, Walter. “La tarea del traductor” p. 130

[5]– Benjamín, Walter. “La tarea del traductor” p. 130

[6]– Bahbah, Homi.K. El lugar de la cultura.Tra: César Aira. Ediciones Manantial. Buenos Aires, 2002. p.272

[7]– Bahbah, Homi.K. El lugar de la cultura.Tra: César Aira. Ediciones Manantial. Buenos Aires, 2002. p.59

[8]– Wellek, Rene. Conceptos de crítica literaria. Traducción: Leal, Edgar Rodríguez. Ediciones de la Biblioteca de Universidad Central de Venezuela. 1968. P.24

[9]– Ortega y Gasset, J. «Miseria y esplendor de la traducción», en Obras Completas V, 1ᵃ ed., Madrid: Revista de Occdiente en Alianza Editorial, 1983, pp.431-452. p 449.

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