MAX AUB, PABLO RUIZ PICASSO Y JUSEP TORRENS CAMPALANS: ARTE Y EMBROLLO

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Saliha ZERROUKI

                                               Université de Bouzareah – Alger 2

يسرد ماكس أوب في كتابه ” جوزيف توريس كمبلنس ” السيرة الذّاتيّة لفنان تشكيليّ تكعيبي هو صديق للرسّام بيكاسو. في الواقع لا وجود للفنان التّشكيلي، فاللّوحات كلّها من إبداع ماكس أوب الذّي يكشف مرّة أخرى عن إمكانات عاليّة لرجل ضليع متمكّن من الفنّ و الثّقافة، لكن فوق هذا و ذاك فإنّ القصّة في كتاب أوب تكشف أيضا عن سقوط النّقاد الفنّيين و الأدبيين في مصيدة النّصب و الاحتيال لأنّ شخصيّة الفنّان التّشكيلي شخصية وهميّة و ليست حقيقيّة

    Aub, Picasso y Torrens, estos tres nombres célebres están unidos por un denominador común, la pintura cubista de los años 20,  pero si Pablo Ruiz Picasso y Jusep Torrens Campalans son reconocidos pintores de las Vanguardias Españoles, tendría Max Aub alguna relación con el arte plástico o estaría vinculado solamente al movimiento por los encuentros en los cenáculos en donde se solían reunir.

    Con motivo de la celebración de los 70 años del exilio republicano, en España en 2009, se ha vuelto a recordar las fechorías fascistas y una de las peores de la humanidad, ha sido plasmada por el más relevante pintor español de nuestra época, Pablo Picasso, ahora nos preguntamos si, fuera de la afinidad, no haya alguna relación que uniera a Max Aub, el conocido exiliado republicano español, con Pablo Picasso y con el pintor Jusep Torrens Campalans.

    Ante todo hay que recordar la labor que llevaba Max Aub en aquel momento; en plena guerra civil, en 1937, está nombrado agregado cultural de la Embajada de España en París[1] y se consagra a la organización del pabellón español para la Exposición Internacional de la misma ciudad.

    En París, la misión de Max Aub fue diversa “de agregado cultural y de propaganda de la Embajada de España” como lo precisa el Embajador de España en Francia[2], ya que era necesario para la República mantener las relaciones culturales, a pesar de la situación de guerra; además desempeñó,  junto con José Bergamín, el papel de comisario de la exposición internacional.

    La embajada quería que el evento recibiera la participación de los más grandes artistas de la vanguardia contemporánea.  Esta responsabilidad la iba a llevar Max Aub, que solicitó entre otras obras de arte, una escultura a Alberto Sánchez, una tabla a Joan Miró y la obra maestra que llevaría más tarde el nombre de Guernica a Pablo Picasso[3].

    Mucha gente desconoce la historia de la creación de Guernica, cuadro de fama universal y mucho menos la actuación del agregado cultural de la Embajada de España en Paris; este descuido está  imputado a los estudiosos de Picasso que no incluyen a Max Aub en el encargo, como por ejemplo, el propio director de la Información Pública de la Embajada, Juan Larrea, que publicará más tarde “Guernica”, una monografía de arte sobre esta obra maestra[4].

   Del papel de Max Aub da fe la carta del embajador Luis Araquistáin[5]  y el recibo de Picasso, reproducidos en “Guernica-legado Picasso[6] que dilucidan toda sospecha. En el documento firmado de la mano del pintor consta la suma recibida para los gastos del lienzo, considerada como una ayuda simbólica -señalando al paso que aceptó difícilmente el dinero-, porque su intención era  hacer una  donación de la obra a la República, en cuanto se habrá instaurado un régimen democrático en el país, en el futuro [7].

    Una delegación de la embajada va a ver a Picasso, en ella estaban  Max Aub, Juan Larrea, José Bergamín, así que José Luis Sert y Luis Lacasa, arquitectos responsables de la construcción del pabellón[8], el motivo de la visita es doble, le encargan un mural para el pabellón de España y le anuncian que ha sido nombrado, por la República Española, director del Museo del Prado, cargo que, debido a la guerra, nunca llegará a ocupar.

    Picasso ante el proyecto del cuadro de la exposición dudó mucho tiempo, al no saber qué temática escoger para responder a la voluntad militante de los responsables del pabellón español que quería traducir fielmente. La vacilación que lo habitó durante meses[9], se resuelve el lunes 26 de abril de 1937, cuando la legión Cóndor nazi-fascista bombardeó el pueblo vasco de Guernica, un día de mercado, entonces: aquellas imágenes de bombas y ametralladoras de los aviones que perseguían a las gentes despavoridas y que sembraban la muerte por calles y campos, le dieron el tema de su obra. Esta catástrofe humanitaria cristalizó debajo de los dedos del pintor un testimonio perenne del horror fascista: El Guernica.

    Fue a Max Aub que tocó el privilegio de dar la primera interpretación de la obra en el discurso que leyó el día de la inauguración de la Exposición.

   Será la exégesis mejor ajustada y la más fiel expresión del sentir del pintor que hará el representante de la cultura española, el agregado cultural, acertando en descifrar y descodificar el contenido del cuadro El Guernica, haciéndolo  asequible al auditorio que lo escucha. 

    Este discurso “Palabras dichas -en francés- en la inauguración del Pabellón Español de la Exposición de Paris, en la primavera de 1937, lo reproduce en su libro “Hablo como hombre[10]:

Al entrar, a la derecha, salta a la vista el gran lienzo de Picasso. Se hablara de él durante mucho tiempo… Es posible que se acuse a este arte de demasiado abstracto o difícil para un pabellón como el nuestro que quiere ser ante y sobre todo una manifestación popular…Pero tengo la seguridad de que, con algo de buena voluntad, todos percibirán la rabia, la desesperación y la terrible protesta que significa esta tela. El realismo español no representa sólo lo real sino también lo irreal… Esta suma forma la realidad profunda del arte español

Mirad este fresco con atención, profundamente, no os dejéis amedrentar por su difícil apariencia y sus colores extremos. Mirad, esta figura de la derecha; esa mujer cayendo, desesperada. El genio del pintor, para dar sensación de ruina y vació, la ha rasgado de gris, la ha acortado, resumiéndola, para otorgarle esa espantosa evidencia de caída.

Todo, en ese cuadro, quiere expresar, por sus colores y líneas, más que cuanto se ha dicho por medios semejantes. Y para marcar este furor del Hombre, del pintor, contra la destrucción, Picasso ha encerrado en un cuarto un caballo relinchando que cocea el cuerpo de un miliciano mientras una mujer se inclina inútilmente con una luz, hecha cabezas y manos, en un sobrehumano esfuerzo, mientras su cuerpo queda en la ventana y ella misma se convierte en antorcha.

Ved, más a la izquierda, este toro furioso y esa mujer con su hijo muerto, en sus rodillas. Formando la base del fresco, el miliciano asesinado blande en su puno una espada ya inútil. Y para expresar todo su sentir Picasso ha necesitado mostrar los dos ojos de sus personajes, aunque estuvieron de perfil. A quienes protesten aduciendo que así no son las cosas hay que contestarles preguntando ¿si no tienen dos ojos para ver la terrible realidad española? Picasso tiene algún defecto es el de ser demasiado verdadera, terriblemente cierto, atrozmente cierto”.

    El sentimiento de rabia  y aflicción del pintor los ha sintetizado Max Aub en esta alocución, convirtiendo en palpable lo impalpable del lienzo, sin resistir al deje de sarcasmo que incrimina con mucha razón la indiferencia del mundo ciego ante la tragedia española.

    Cabe señalar que la pintura no se hizo en el acto, sino que llevó meses para su finalización, porque varias etapas fueron necesarias para obtener el cuadro tal como se conoce hoy, y a parte de los numerosos bocetos que representan los detalles de la misma, están las ocho fases que fueron necesarias a la elaboración del lienzo definitivo como consta en la monografía de arte Guernica de Juan Larrea[11].

     Muchos elementos evolucionaron como la especie de girasol en perspectiva en cuyo centro Picasso situó una bombilla eléctrica. Esta flor, de la segunda fase, no se reconoce en cuadro definitivo, en donde lleva una forma ovalada. También la mujer que cae envuelta en llamas, con los brazos en alto, las llamas son evidentes en los bocetos de las segunda  y tercera fases[12].

    El genio de Picasso concilió dos espacios imposibles en una hibridación de calle y de habitación, sintetizando dos mundos, él de fuera y él de dentro en donde se agolpan seis seres humanos y tres animales: cuatro mujeres, un hombre y un niño[13].

    La técnica del pegado, típica del cubismo y empleada en la elaboración del lienzo, es en realidad una manera de reemplazar los elementos que no se pueden dar en pintura, entonces se sustituyen por elementos concretos como el papel de periódico para aludir al tiempo, el pelo o fragmentos de tejido, a lo humano y la tierra y la arena para lo espacial, completando el carácter  de veracidad irrealista del cuadro. El color gris predominante que eligió el pintor es significativo en su alusión a la materia gris que ha fallado a la humanidad.

    El común denominador es la boca desmesuradamente abierta en un grito mudo de la que sobresale una lengua en punta, en forma de aguijón, idéntica en animales y seres humanos, cuya forma recuerda el sacrificio de las corridas, que el torero a caballo inflige al toro indefenso como acertó en explicarlo Marc Montijo Cañellas[14].

    Esta emersión en el mundo de las artes plásticas nos propulsa hacia otra figura de la pintura cubista del momento, asociada tanto a Pablo Picasso como a Max Aub; este amigo común va a ser el protagonista epónimo del libro de Max Aub Jusep Torrens Campalans (1958)[15].

    Max Aub en este relato biográfico refiere la vida de este pintor cubista Jusep Torrens Campalans, conocido de Picasso, habla de sus vivencias y reproduce toda su obra pictórica. El libro muy pormenorizado, sitúa  al artista en su época, en medio de los escritores y artistas de su tiempo, resaltando su amistad privilegiada con el autor de Guernica; apunta también todas las críticas de arte de la prensa y las entrevistas que se le hicieron; incluso reproduce el propio catálogo de sus obras: con los cuadros, los retratos y los bodegones.

    El cariz que presenta el libro es una detallada y exhaustiva monografía de arte, en el sentido estricto del término[16], en la que aparece Max Aub como un auténtico especialista de las artes plásticas. Y una vez más se impone la originalidad del máximo representante del exilio español el poeta de Djelfa: ha sido capaz de producir una monografía de arte con la rigurosidad  de criterios que exige el tema, quedando cabalmente probada la validez del trabajo en artes bellas, lo que valió su traducción a varios idiomas.

    La originalidad antes aludida remite en realidad al embuste contenido en el libro: Jusep Torrens Campalans es una figura ficticia inventada por su autor. Nunca ha existido. Es una magnifica superchería, una estafa en la que todo está falsificado, lo que hace decir a Ignacio Soldevila Durante, su máximo estudioso[17]:

Es una genial maquinación que existió solamente en la mente de Max Aub: Campalans es un pintor imaginario y las pinturas que se presentan todas ellas reales, son de Max Aub”.

    La relación de Torrens Campalans con Pablo Picasso es en realidad la propia de Max Aub con el celebérrimo representante de la escuela cubista. La fotografía que enseña los dos pintores cubistas[18] es una invención  del autor, es un montaje en donde aparece un desconocido junto con Picasso.

    Es una de las fantasías en su creación narrativa, uno de sus juegos preferidos. Lo que confundió a críticos de arte y a literatos, fue la mezcla de hechos reales  con otros ficticios. El libro tiene el carácter de un escrupuloso estudio biográfico del personaje central, apoyado en referencias, testimonios y cartas de conocidísimos pintores y escritores, lo que funciona a modo de autentificación a los ojos de los lectores y reside el despiste en la cantidad de autores, citas y referencias falsas, ellas también, que hacen difícil discernir lo real de lo irreal. 

    Todo este ambiente creado por el autor hizo que cayeran en la trampa muchos que afirmaron haber conocido al pintor; esto se puede quizás explicar por el renombre que tuvieron los cuadros ya que la colección del célebre seudopintor tuvo un real éxito y sus obras fueron expuestas y vendidas en galerías prestigiosas como las de Méjico, de Nueva York, de París y de Roma[19], vale recordar que la fama de estos cuadros es de actualidad, ya que en 2003, se volvió a exponer en el Museo Reina Sofía de Madrid[20].

    Toda esta publicidad y el poder de enredo de Max Aub embrollaron a críticos de arte que alegaron haber conocido al pintor[21] y lo mejor fue la mistificación de Juan Luis Alborg, el distinguido crítico literario que ante la duda que le planteaba el ser o no ser del pintor dijo:

Escribí al propio Max Aub preguntándoselo; pero no me dio repuesta concreta, como yo pedía. Se limitó a remitirme un folleto de presentación para la edición francesa, firmado por Jean Cassou[22], que tampoco me saco de dudas[23]”.

    Max Aub en gran bromista que, saboreando quizás el efecto producido en el gran literato, le contestó por la evasiva dejándolo en la incertidumbre.

    Atestigua también del embuste la estudiosa de Jusep Torrens Campalans, Rosa María Grillo que señala que el libro figura en la sección de monografías de arte en la biblioteca de su universidad[24].

    Una vez más, Max Aub nos deslumbrará por su “arte-facto”, por el artificio que inserta en sus obras, por el entretenimiento que le encanta entablar con los lectores, como una manera de disipar el aburrimiento, como un estímulo más y una nueva e insospechada aproximación a la lectura. Esta obra confirma nuestro autor entre los que dieron un nuevo enfoque a la literatura.

    A fin de cuentas, se ha demostrado que Max Aub, además de ser el autor polifacético que se conoce, es un talentoso pintor, pero también un genial impostor por ser un gran embrollador de lo falso-verídico y por enredar a los lectores,  como queda constado en varios de sus conocidos escritos.


[1] Gérard Malgat, Max Aub y Francia o la esperanza traicionada, Biblioteca del exilio, Renacimiento, Sevilla, 2007, pp. 57-58, (que reproduce la carta del ministerio de Asuntos Exteriores en la que se comunica este nombramiento a Paris, el 22 de noviembre de 1936).

[2]Ibíd., p. 57 (carta reproducida en Guernica-Legado Picasso, Ministerio de Cultura. Dirección General de Bellas Artes. Archivos y Bibliotecas. Madrid, 1981, p. 158).

[3] Ignacio Soldevila Durante, El compromiso de la imaginación. Vida y obra de Max Aub, Fundación Max Aub, Segorbe, 1999, pp. 36-37.

[4] Juan Larrea, Guernica, Ediciones Cuadernos para el diálogo, Madrid, 1977.

[5] Gérard Malgat, op. cit., p. 57. (carta de Luis Araquistáin a Picasso: “…nuestro común amigo, como usted sabe, desempeño durante mi gestión en Paris…”, fechada del 3 de abril de 1953).

[6] Guernica-Legado Picasso, Ministerio de Cultura. Dirección General de Bellas Artes. Archivos y Bibliotecas. Madrid, 1981, p. 158.

[7] Gérard Malgat, op. cit., p. 62 (en nota).

[8] Ibíd., p. 59.

[9] Ibíd., p. 59, (en nota: el encargo se hizo en enero de 1937).

[10] Max Aub, Hablo como hombre, Obras incompletas de Max Aub, Fundación Max Aub, Segorbe, 2002,  pp. 39-44.

[11] Juan Larrea, op. cit., p. 37-44.

[12] Ibíd., p. 37.

[13] Ibíd., p. 91.

[14] Marc Montijano Cañellas. Guernica de Pablo Picasso1/1/2004. http://www.homines.com/arte_xx/guernica/index.htm

[15] Max Aub, Jusep Torrens Campalans, Ediciones Destino, 1999, 355 pp.

[16] Ignacio Soldevila Durante, La obra narrativa de Max Aub (1929-1969), Editorial Gredos, Madrid, 1973, pp. 150-151.

[17] Ibíd., p. 153.

[18] Max Aub, op. cit., p. 101.

[19] Ignacio Soldevila Durante, El compromiso de la imaginación, Segorbe, Fundacion Max Aub, p 1999, p. 130

[20] Antonio Gómez, El pintor inventado por Max Aub expone en Madrid, 14/6/2003.

http://www.lavozdeasturias.es/noticias/noticia.asp?pkid=65933

[21] Ignacio Soldevila Durante, El compromiso de la imaginación, op. cit., p. 130.

[22] -Ibíd., p.339, (Atestigua Soldevila que su amigo Jean Cassou, fue el primer testigo citado para corroborar la existencia del pintor imaginario y de sus cuadros).

    –Francisco Arias Solis, La voz de un vasco con acento andaluz, 09/12/2007

http://lacomunidad.elpais.com/aarias/2007/12/9/jean-cassou-francisco-arias-solis

(Jean Cassou es un poeta, novelista, crítico literario y de arte, y director del Museo de Arte Moderno de París de 1945 a 1965, fue, además de un gran escritor, un gran divulgador en Francia de la obra de varios escritores españoles. Tradujo a Cervantes, Unamuno, Ramón Gómez de la Serna, Eugenio d’Ors, Ramón Pérez de Ayala).

http://lacomunidad.elpais.com/aarias/2007/12/9/jean-cassou-francisco-arias-solis

[23] Ignacio Soldevila Durante, La obra narrativa de Max Aub (1929-1969), Editorial Gredos, Madrid, 1973, p. 153.

[24] Ibíd., El compromiso de la imaginación p. 131, (Rosa María Grillo, “Escritura de una vida: autobiografía, biografía, novela” Max Aub y el laberinto español, Actas del Congreso Internacional, Valencia, 1996, pp. 161-171).

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